Los ateridos

7 07 2013

embriones1El principio de la sabiduría es el temor del Señor de nuestras vidas: que para hacerse temer, pone el infierno ante nuestros ojos. Es el castigo del fuego eterno. Pero he aquí que el hombre se ha empeñado en ser señor de la vida y ejercer de tal. Se ha hecho señor de miles y miles de embriones humanos a los que tiene condenados al hielo eterno. Dueño de esa multitud de ateridos en estado embrionario, a los que puede sacar del frío siberiano a su placer para permitirles seguir desarrollando su vida; y si por el contrario es otro su deseo, es dueño de retener en el frío la vida de esa ingente masa humana. Es dueño de coger esos embriones e implantarlos en el útero que le venga en capricho: como si es el de una vaca, una cerda o una burra. Puede darnos el novedoso espectáculo de que empecemos a ver nacer a seres humanos de cualquier animal capaz de gestarlos. ¿Que aún no puede? Pues no tardará en poder. El camino está abierto. Y es dueño de manipular esos embriones genéticamente como le plazca y para lo que le plazca. Él es el señor de esos humanos y tiene todo el derecho a disponer de ellos a capricho. Tanto como pudo el señor con sus esclavos, empezando por el derecho de vida y muerte. Puede diseñarlos hermosos o deformes, para la felicidad o para la infelicidad. Por eso es razonable que temamos a este nuevo señor de hombres, que temblemos ante su inmenso poder.

Me refiero al millón y medio de embriones congelados. Los ateridos que se contraen convulsos en el frío criogénico de los hospitales punteros, en ese helor glacial terrorífico, ese frío intenso en sus huesos por hacer. Los ateridos, sí. En los frigoríficos de las clínicas de fertilidad. En el Hospital de San Pablo  y en el Clínico, en la Dexeus y en San Juan de Dios . En Paris, Frankfurt, Londres o Washington. Atenazados todos en esa estepa glacial vitrificada, maléfico mundo entre los vivos y los muertos. Atenazados por el pecado original de haber venido a caer a la existencia humana. Su castigo, haber sido arrojados en manos del que se pone en el lugar de Dios para disponer de la vida y de la muerte.

embriones2

Como aquella que fue madre a los 67 y abuela a la vez, que el óvulo era de su hija y el padre anónimo. Y luego, los seleccionados. Arduamente seleccionados, los favorecidos, los mejores de las tres cuartas partes y, al final, el compatible, el afortunado. El resto, los crio-conservados, los que gritan en el silencio de la nueva Siberia, a los que dio voz el profesor Juan Manuel Martínez en su poemario Y no podréis callar este grito que os hiere. ¡Injusta injusticia injustificable! Todos donantes a la fuerza, recambios sin tacha, parches vitales, útiles miembros para los desesperados. El seleccionado no sabrá de la agria incertidumbre de la experimentación. En cambio, los otros… embriones congelados sin calor materno, a los que sólo les queda el silencio criogénico. Después, los capos de esos nuevos Auschwitz sin esperanza, los fariseos santurrones de los hospitales de la iglesia, guiñarán los ojos ante los flashes de los fotógrafos, declararán que ése es el único bien posible, que la ciencia avanza, que se ha salvado el enfermo, que las estériles exultan al precio del cautiverio y la muerte de los que todavía están vivos… o medio muertos en neveras estériles. Sucia razón de Estado que se harta de tragar camellos para filtrar luego los mosquitos del dinero malgastado.

El Occidente desarrollado ha vencido la mortalidad y la morbilidad infantil para acabar matando antes de nacer a los no deseados o a los que están enfermos; o congelándolos para mejor ocasión. Sobre eso, decía hace muy poco Mons. Reig Pla que “mantener el derecho al aborto es sostener la corrupción del Estado. Si se puede matar al inocente indefenso, toda corrupción imaginable es posible y podría ser garantizada como «derecho»”. Cuando los “derechos” de las personas no están ya fundamentados sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, quedan sometidos a la voluntad del más fuerte: ¿Cuándo empieza pues la vida humana? Cuando le conviene al Estado y dictaminan los jueces ¿Qué es aquello que hace que la vida del ser humano sea digna de ser vivida? Por lo visto, la dignidad de la vida depende del deseo de los padres; de las previsiones del médico y las expectativas de la ciencia; de la salud de un hermano y de las características genéticas. Mientras, se estimulan los ovarios y se insemina artificialmente. Parecido a una vaca, sí señor, pero en quirófano. O se cogen ovocitos mediante punción vaginal, espermatozoides sanos y se juntan con microscópica pasión. Se incuban durante 20 horas y luego se transfieren los embriones. Cuantos más, mejor. Los que sobren… ¡al Gulag de la nevera!

Pero es que el problema no es cuándo empieza la vida, sino a quién pertenece. Si pertenece al hombre…. ¡estamos perdidos! Porque siempre acaba perteneciendo al más fuerte, sometida a la inicua libertad pervertida de los más fuertes contra los más débiles destinados a sucumbir. La vida, especialmente la humana, sólo puede pertenecer a Dios: por eso quien atenta contra la vida del hombre atenta no sólo contra ese hombre sino contra toda la humanidad y contra Dios mismo (cf. Evangelium Vitae, 9).

embriones3

No es ninguna paradoja que sea tan natural la defensa de la vida para los que creemos en Dios. A una mujer musulmana que duda sobre si abortar o no, basta que le digas: “¿Vas a destruir la vida que Dios ha confiado a tu vientre?”, para que desista de esa mala idea, si había pensado en ella. Si la vida humana es de Dios, nos está vedado disponer de ella. Así de sencillo. Tan sencillo como que para los no creyentes éste merecería ser uno más (de hecho el principal) de los convencionalismos sobre los que se sustenta la convivencia. En efecto, para poder convivir hemos acordado que en un estado de derecho, todos somos iguales ante la ley, y sabemos todos que no es cierto: pero hacemos como que nos lo creemos; si no, sería un desbarajuste. Hemos acordado que Hacienda nos mide a todos con la misma vara: y sabemos que no es así, que quien tiene mucho dinero paga carísimos gabinetes especializados en defraudar. Y consigue pagar menos que el ciudadano de a pie. Hemos acordado que todos somos iguales ante la justicia, pero sabemos que quien tiene un equipo de abogados que amedrentan a los jueces, no tiene por qué temer a la justicia; mientras que el pobre que va con abogado de oficio o abogado que se amedrenta ante el juez, está en evidente inferioridad respecto al poderoso.

Pero es igual, hacemos como que nos creemos todos esos convencionalismos: porque de lo contrario, la sociedad no funcionaría. ¿Qué inconveniente habría, pues, en que los ateos y los agnósticos hiciesen como que se creen que la vida pertenece a Dios, para evitar que caiga en manos de los hombres? ¿No se basa en principios de sacralidad cuidadosamente silenciados, el empeño por negarle al Estado el derecho de aplicar la pena de muerte incluso a los peores y más peligrosos criminales? Si para todos los que se oponen tan fervientemente a la pena de muerte es sagrada, intocable e inviolable la vida de los criminales (porque son individuos de la especie humana, ¡claro que sí!), ¿qué tienen esos criminales que no tenga el niño al que le falta una hora, un día un mes o tres meses por nacer? ¿Qué tiene el criminal de más sagrado que un feto humano? ¿Y seguro que es más sagrado, respetable e inviolable un criminal que un embrión humano? Todos los bienpensantes se han opuesto furibundamente a las pruebas médicas con criminales y con condenados a muerte, ¿y les parecen bien esas mismas pruebas y otras más monstruosas con embriones humanos?

Es que si declaramos sagrada y por consiguiente intocable la vida del hombre por ser Dios su único dueño, ésta no puede ser reducida a “material biológico” del que se pueda disponer libre y arbitrariamente. En consecuencia, también los embriones y los fetos humanos tienen derecho al mismo respeto debido al niño ya nacido y a toda persona. De la misma manera que no podemos disponer de esclavos, tampoco podemos disponer de embriones congelados. Porque son humanos. Son ya seres humanos. Y así como vivimos a base de convencionalismos que establecen el fundamento para una mínima convivencia, ¡saquemos la vida humana de las manos del hombre! Pongámosla con confianza en manos de Dios. Sólo así estableceremos un sólido cimiento que nos permitirá construir un mundo donde el derecho a nacer no será el privilegio de los más fuertes (tanto que hasta han proclamado su derecho de matar a los más débiles), sino el derecho de todos los que han iniciado ya su vida.

Custodio Ballester Bielsa, pbro.

Anuncios

Acciones

Information

One response

24 07 2013
Omar

No se si soy BICI genia pero sed soy BICI adicta =) desde que en nmboeivre 2011 me reencontre con la bici y pense9.. a ver q onda ir a laburar en bici ? No pare9 mas todos los dias Colegiales-Plaza de Mayo! es un placer! tardo menos que en subte y puedo RESPIRAR!!!Un placer poder participar!! Hay otra calle muy amigable Teodoro Garcia.. tiene una trepada linda de empedrado, pero esta muy buena y los conductores respetan bastante a los ciclistas!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: