Silenciar el aborto

13 10 2012

Hablar o escribir sobre al aborto molesta. Algo habla en el interior de las personas que conduce a evitar hablar o escribir, y a impedir que otros hablen o escriban sobre el aborto. Décadas de aborto legal en España, de aborto libre en la práctica, no cambian el mundo de la intimidad real, pese a las demoledoras cifras que reconocen 100.000 abortos anuales en nuestro país. La intimidad puede apelar a la conciencia, o a unos vagos sentimientos de amargura que conducen a la complicidad silenciosa.

El pasado domingo se celebraron por toda España manifestaciones “Derecho a Vivir”, o “AbortoCero”. Decenas de miles de personas volvieron a expresarse como defensores de la vida. Esas manifestaciones no provocaron altercados ni heridos, un síntoma de que hay convicciones racionales y razonables que no apelan ni necesitan el insulto ni la violencia, a diferencia de otro tipo de manifestaciones. Los manifestantes van a continuar la defensa de la vida, y en absoluto invocan motivos religiosos ni reminiscencias del pasado, sino que propugnan la novedad hoy de reconocer la vida desde la concepción.

¿Qué pasaría en España si se sometiera a referéndum el aborto? No es tan sencilla la respuesta. Pienso que a favor de la vida, sin límites, estamos más de los que a algunos les parece. Sin embargo, no es políticamente correcto defender la vida, el AbortoCero, y en los medios de comunicación se minimizan o ignoran estas reiteradas manifestaciones en defensa de la vida. Decenas de miles de personas ejerciendo su derecho a manifestarse no han logrado siquiera una mención en algunos medios de comunicación.

La aceptación social del aborto ha dado un paso más: silenciar el aborto. Social, política y periodísticamente, es un fenómeno digno de análisis. Alguien puede argumentar que predomina en ciertos ámbitos la defensa de otros derechos, pero es adoptar la táctica del avestruz: esconderse y no mirar la verdad. El primer derecho es el derecho a la vida, no es un derecho más. Cuanto le afecta es prioritario y limitarlo es negar que todos tienen el derecho a la vida, también los que nacen –y son muchas veces la alegría de las familias- con malformaciones graves, y por supuesto no puede depender de la decisión de la madre. Yo denuncio el silenciamiento del aborto, y aliento a los manifestantes a continuar con sus argumentos y con su reivindicación pacífica: son el reflejo de que sus convicciones no necesitan subvenciones ni dependen de la moda.

Autor: Javier Arnal

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13 10 2012
Mn. Custodio

Buen artículo! Un saludo a todos.

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